Hay cosas que no aparecen en el horario de clases pero que igual se aprenden en el colegio. Cómo escuchar. Cómo contar algo sin que te interrumpan. Cómo reírte de lo que salió mal en el control de historia y seguir adelante. Esas cosas pasan en los pasillos.
La fotografía que acompaña esta nota fue tomada un mediodía de verano en el corredor del bloque de enseñanza media. Dos estudiantes de 3° medio, cuadernos en mano, aprovechaban los cinco minutos entre el bloque de Lenguaje y la clase de Biología para hacer lo que hacen mejor: hablar.
El colegio también existe entre clases
Sofía y Martina llevan juntas en Sydney College desde 5° básico. Llegaron al mismo curso por azar — la lista de matrícula las puso una al lado de la otra — y desde entonces son inseparables. Estudian juntas, se prestan apuntes, y según ellas mismas, se han salvado mutuamente en más de un examen.
“En Sydney te formas como persona, no solo como estudiante”, dice Sofía. “Hay profesores que te conocen de verdad, que saben cuándo estás bien y cuándo no. Eso marca.”
Martina asiente y agrega algo que vale la pena repetir: “El colegio no es solo lo que pasa en la sala. Es esto también — las conversaciones, los amigos, los recreos. Todo eso es parte de lo que aprendes.”
Lo que nos llevamos
El año que viene ambas enfrentarán la PAES y el proceso de postulación a la educación superior. Es un período que genera ansiedad en cualquier estudiante, pero las dos lo reconocen con una calma que sorprende: “Acá te preparan bien. Y aunque no salga todo perfecto, sabemos que tenemos herramientas.”
El pasillo seguirá siendo testigo de esas conversaciones que no se enseñan pero sí se viven. Y eso, en Sydney College, es parte del proyecto educativo también.